El pregonero de los Moros y Cristianos de Aspe 2026, Carlos Marcos Cremades, tiene claro cuál será el eje de su intervención el próximo mes de agosto: poner en valor las raíces, el sentimiento de pertenencia y la importancia de las tradiciones que dan identidad a un pueblo.
El jurista aspense, que desde hace años reside fuera de España por motivos profesionales, reconoce que su nombramiento fue una sorpresa absoluta, aunque no exenta de cierta sospecha entre bromas, “la llamada en la que Enrique Alenda me propuso ser pregonero fue totalmente inesperada.”
Cremades recuerda que, cuando su madre le dijo que el entonces presidente de La Unión estaba intentando contactar con él, enseguida intuyó de qué podía tratarse, en parte por las bromas recurrentes de amigos cercanos “en mi filà tengo a un amigo que lleva un año diciéndome que tenía que ser yo el siguiente pregonero.”
Más allá de la sorpresa, el sentimiento dominante fue el orgullo, “cuando empecé a formar parte de las fiestas de Moros y Cristianos, jamás me hubiese imaginado que un día sería yo el pregonero.”
Aunque la distancia física con Aspe ha ido creciendo con los años, su conexión emocional con el municipio sigue intacta, “para mí es importantísimo mantener ese vínculo con mi pueblo.”
Por eso, cuando dispone de vacaciones, tiene muy claro dónde quiere estar, “yo prefiero volver a Aspe en verano y disfrutar de las fiestas de mi pueblo que irme de viaje a ningún país exótico.”
Su experiencia profesional, marcada por el trabajo en entornos internacionales y en contextos especialmente vulnerables, también ha reforzado su forma de mirar a Aspe.
Aunque asegura que su profesión no ha cambiado sus valores de base —porque siempre se ha considerado una persona profundamente vinculada a su pueblo—, sí admite que vivir fuera le ha ayudado a valorar aún más las pequeñas cosas, “tomarme una cerveza sentado en la plaza una noche de verano o ir el domingo a comer a casa de mis abuelos tiene un valor especial.”
Además, el contacto con personas que han perdido sus raíces o nunca han tenido ese sentimiento de pertenencia ha reforzado una convicción profunda, “mi trabajo ha reforzado mi sentimiento de pertenencia.” Ese será precisamente uno de los mensajes centrales de su pregón.
Como festero de la comparsa Moros Fauquíes y miembro de la filà Quinta ManaHüa, Carlos Marcos quiere lanzar un mensaje intergeneracional, “tenemos que estar orgullosos de las fiestas de Moros y Cristianos que hemos creado.”
Para él, la fiesta trasciende lo puramente lúdico, “nuestras fiestas no son solo una fiesta, sino también cultura y tradición.”
Su pregón también incorporará una reflexión nacida de su experiencia en escenarios marcados por conflictos y violencia, “no en todas las partes del mundo tienen la suerte de vivir en paz.”
Por eso quiere que sus palabras despierten, además de orgullo, un sentimiento de gratitud “Espero que la gente pueda sentir también un cierto sentimiento de gratitud.”
Detrás del pregonero hay una red de afectos que también siente el reconocimiento como propio. Entre ellos menciona especialmente a sus padres, abuelos, pareja, amigos y compañeros de comparsa, “detrás del pregonero hay un grupo de personas a las que les hace casi más ilusión.”
Sobre el contenido del pregón, avanza que será diferente al de otros años. No será un discurso centrado tanto en la historia de la fiesta, sino en una mirada más íntima y vivencial, “mi pregón es un poco diferente, más personal.”
Carlos Marcos quiere que el público pueda ponerse en la piel de alguien que vive lejos y que, al regresar en fiestas, no solo vuelve a un evento, sino a algo mucho más profundo.
Ese será, en definitiva, el corazón de su mensaje: recordar que un pueblo no solo se define por sus calles o edificios, sino también por sus tradiciones, su memoria colectiva y los vínculos que unen a su gente.
